Su nombre era Alejandro. Días después de conocerlo lo comencé a frecuentar diariamente; encontraba a su pasmada personalidad muy adictiva. No me fastidiaba compartir las horas con él. No me encantaba; pero simplemente no podía dejar de hacerlo. Era como una compulsión.
Durante aquellos días de estío, a eso de las tres de la tarde, ambos acostumbrábamos atiborrarnos de suculentos alimentos; fuera en algún establecimiento o en una de nuestras dos casas. El letargo nos invadía después, así que dormíamos abrazados en la cama de cualquiera de los dos, uno detrás del otro; a manera de 'spoon'. Eso se convirtió en nuestro pequeño ritual.
A veces hacíamos reuniones nocturnas. No para hacer el amor tierna o apasionadamente, sino para ver películas saboreando y deglutiendo todo tipo de golosinas; a pesar de no tener hambre.
En ciertos momentos sentía el impulso de besarlo, tocarlo; lo deseaba y sabía que él a mí también. No sucedía nada ligado a esas pequeñas y débiles fantasías; pues ninguno tomaba la iniciativa. El mundo era de por sí lo suficientemente bello, brillante y placentero como para necesitar aventuras carnales. En cambio, engullíamos con ímpetu.
La delicia que representaba para mí observar sus tersos labios rosados abrirse de par en par para introducir algún alimento de cualquier índole y, a veces, derramar lustrosas gotitas de miel por las comisuras era incomparable a cualquier otro placer.
Los meses pasaron. El último día que observé su belleza fue en octubre; esplendoroso otoño. Sus rizos rubios bailaban con la brisa y sus ojos castaños se encogían formando una escalerilla de arruguitas en los extremos opuestos a los lagrimales. Estábamos de viaje, vacacionando en una pequeña casa provinciana que mis padres me heredaron en vida. Fuimos con un par de amigos más, así que optamos por guardar nuestro paraíso de ambrosía para nuestro deleite privado; para algún otro día que no pudiéramos ser descubiertos, porque de serlo hubiéramos tenido que compartir nuestro relleno.
Llegamos en la mañana. Transcurrieron las horas y llegó la noche. Decidimos sustituir los sólidos por alcohol. Bebimos hasta el hartazgo, inflamos nuestras barrigas de líquido; como solíamos hacer con la comida.
Entramos a nuestra alcoba correspondiente, donde nos aguardaban dos camas individuales. Alejandro y yo retozamos en la misma cama al principio. Luego, nos abrazamos como de costumbre; yo de espaldas y él con su grueso brazo asiendo mi pecho. No estoy segura del momento en el cual nos despojamos de nuestras ropas y se fundieron nuestros aromas a queso rancio, piel y sudor de virgen. Totalmente comprensible por el estado etílico; la lujuria hizo acto de presencia. Comenzamos haciendo 'caricias inocentes' -aún no entiendo el por qué del término- que pronto dejaron de ser inocentes, hasta el momento en el cual se culminó la vulgar penetración que al principio me hizo sentir dolor en los intestinos. Poco a poco se hizo placentera. Cerré los ojos y gocé.
Los abrí al sentir que él se había detenido y me horroricé con la sorpresa que me aguardaba: Era la metamorfosis de Alejandro; se trataba de una enorme pila de estiércol sobre mi cuerpo. La tersa textura de su piel había cambiado por una viscosidad que me incomodaba y la consistencia mórbida de su cuerpo por una semejante a la de la plastilina. El hedor casi me produjo un desmayo, pero pude huir de esa letrina con la reacción inmediata de correr y avisar a doña Rosaura, quien vomitó instantes después de verme bañada en color café.
Jamás lo volví a ver.
lunes, 31 de mayo de 2010
martes, 24 de noviembre de 2009
Downer
Lasitud. Vergüenza. Baja autoestima. Presente autoconsciencia.
-¿Cuál será su tratamiento, señora mía?- preguntó el doctor, sentado en un mullido sofá, con una aureola alrededor de su figura.
-Matar a mi amante- respondió la señora, trémula.
-¿Cómo cree, matarme? Eso no es el remedio en absoluto. Piense en otra cosa, mujer.- dijo pacientemente el doctor, pues habían pasado por esta situación un par de veces anteriormente y éste tenía todas las respuestas en la punta de la lengua.
-Entonces dejaré de ser perfeccionista. Es decir, moriré- concluyó la señora, tomando su bolso y levantándose de la silla donde estaba sentada.
-'Perfecto' entonces. Le extrañaré mucho, pero trataré de bloquear su recuerdo.- Respondió resuelto el médico, liberando a su enferma paciente.
-¿Cuál será su tratamiento, señora mía?- preguntó el doctor, sentado en un mullido sofá, con una aureola alrededor de su figura.
-Matar a mi amante- respondió la señora, trémula.
-¿Cómo cree, matarme? Eso no es el remedio en absoluto. Piense en otra cosa, mujer.- dijo pacientemente el doctor, pues habían pasado por esta situación un par de veces anteriormente y éste tenía todas las respuestas en la punta de la lengua.
-Entonces dejaré de ser perfeccionista. Es decir, moriré- concluyó la señora, tomando su bolso y levantándose de la silla donde estaba sentada.
-'Perfecto' entonces. Le extrañaré mucho, pero trataré de bloquear su recuerdo.- Respondió resuelto el médico, liberando a su enferma paciente.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Influenza ¿?
No se cuándo será que las flemas fluyan.
Ya han pasado tres días desde que tuve que huir de ese lugar de torturas hecho para ineptos llamado 'Escuela Preparatoria'
Huí con el moco saltando sobre mi ropa, la garganta gritando sin producir sonidos y desesperación: ¿Cuándo será que este sentimiento de sepulcro húmedo se desvanezca?
-No lo sé- me respondo.
Esto me deprime.
Ya han pasado tres días desde que tuve que huir de ese lugar de torturas hecho para ineptos llamado 'Escuela Preparatoria'
Huí con el moco saltando sobre mi ropa, la garganta gritando sin producir sonidos y desesperación: ¿Cuándo será que este sentimiento de sepulcro húmedo se desvanezca?
-No lo sé- me respondo.
Esto me deprime.
miércoles, 5 de agosto de 2009
Filosofía de Artaud
La imaginación, para Artaud, es la realidad; sueños, pensamientos e ideas delirantes no son menos reales que lo de "fuera" del mundo. Realidad parece ser un acuerdo, el mismo acuerdo que la audiencia acepta cuando se introduce un teatro para ver un juego, que por un tiempo pretende que lo que están viendo es real.
martes, 4 de agosto de 2009
El Verano - parte II (El Regreso)
El regreso. ¿El regreso a qué?
A ese lugar de atmósfera sofocante, obligaciones y problemas involuntarios; a la que llaman 'Escuela'.
Admito que algunas teorías se aprenden en dicho lugar, pero no todo se puede enseñar ahí. Los libros no son precisamente una experiencia directa, aunque muchas veces les he llamado patéticamente mis 'amigos' -sí lo se. Debería darme verguenza-
Al inicio de este lapso de futilidad en el cual algunas veces me sentí como un parásito -el verano- no estaba segura de cómo gastaría este tiempo. Sólo tenía la idea de que era suficiente para deshacer los nudos que lastimaban mi espalda, para dejar atrás el dolor de las sienes -estoy consciente de que eso diría una anciana aquejada por dolencias del engranaje falto de aceite- , para no pensar más en las personas y adentrarme en el placer de engordar, tumbarme y práctica, simple y llanamente 'existir'.
Pero no. No fue suficiente. En tres días será mi primer contacto con la 'prepa' después de dos meses de no poner un pie siquiera en las aceras que la rodean, de que llegue 'Area IV' -aunque sienta que será mi primer día en 4º de 'prepa'- y, como decía el buen Dalí:
"Contra el tiempo, por los Relojes Blandos"
El regreso... (expresión perdida en el horizonte, a prácticamente nada de que una gota de saliva se derrame por la comisura derecha de mis labios)
-No quiero el regreso-
A ese lugar de atmósfera sofocante, obligaciones y problemas involuntarios; a la que llaman 'Escuela'.
Admito que algunas teorías se aprenden en dicho lugar, pero no todo se puede enseñar ahí. Los libros no son precisamente una experiencia directa, aunque muchas veces les he llamado patéticamente mis 'amigos' -sí lo se. Debería darme verguenza-
Al inicio de este lapso de futilidad en el cual algunas veces me sentí como un parásito -el verano- no estaba segura de cómo gastaría este tiempo. Sólo tenía la idea de que era suficiente para deshacer los nudos que lastimaban mi espalda, para dejar atrás el dolor de las sienes -estoy consciente de que eso diría una anciana aquejada por dolencias del engranaje falto de aceite- , para no pensar más en las personas y adentrarme en el placer de engordar, tumbarme y práctica, simple y llanamente 'existir'.
Pero no. No fue suficiente. En tres días será mi primer contacto con la 'prepa' después de dos meses de no poner un pie siquiera en las aceras que la rodean, de que llegue 'Area IV' -aunque sienta que será mi primer día en 4º de 'prepa'- y, como decía el buen Dalí:
"Contra el tiempo, por los Relojes Blandos"
El regreso... (expresión perdida en el horizonte, a prácticamente nada de que una gota de saliva se derrame por la comisura derecha de mis labios)
-No quiero el regreso-
La Buhardilla
Ezra Pound
Ven, apiadémonos de aquellos que están mejor que nosotros.
Ven, amigo mío, y recuerda
que los poderosos tienen sirvientes y no amigos
y nosotros amigos, no sirvientes.
Ven, apiadémonos de los casados y los solteros.
La aurora entra de puntillas
como una áurea Pavlova,
y yo me acerco a mi deseo.
Nada mejor puede depararme la vida
que esta hora de límpida frescura,
la hora de despertar junto a ti
Ven, apiadémonos de aquellos que están mejor que nosotros.
Ven, amigo mío, y recuerda
que los poderosos tienen sirvientes y no amigos
y nosotros amigos, no sirvientes.
Ven, apiadémonos de los casados y los solteros.
La aurora entra de puntillas
como una áurea Pavlova,
y yo me acerco a mi deseo.
Nada mejor puede depararme la vida
que esta hora de límpida frescura,
la hora de despertar junto a ti
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